FIRST MAN (EL PRIMER HOMBRE) DE DAMIEN CHAZELLE. LA SOLEDAD/LA HERIDA DEL HÉROE.





TÍTULO: First Man (El primer hombre). TÍTULO ORIGINAL: First Man. AÑO: 2018. NACIONALIDAD: Estados Unidos. DIRECCIÓN: Damien Chazelle. GUION: Josh Singer, adaptando el libro de James R. Hansen. MÚSICA ORIGINAL: Justin Hurwitz. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Linus Sandgren. MONTAJE: Tom Cross. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Ryan Gosling, Claire Foy, Jason Clarke, Kyle Chandler, Ciarán Hinds, Christopher Abbot, Shea Whigham, Patrick Fugit, Olivia Hamilton, Brady Smith, Corey Stoll, Lukas Haas. DURACIÓN: 141 minutos. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.universalpictures.es/micro/first-man#.

CALIFICACIÓN:


Tras los vibrantes ejercicios desplegados en Whiplash (2014) y La La Land (2016), sorprende bastante la estrategia narrativa desarrollada por Damien Chazelle en First Man (El primer hombre). En su reconstrucción de la odisea que llevó al primer astronauta a la Luna, hay una completa ausencia de épica, de mítica y hasta de lírica, adquiriendo la película a lo largo de todo su metraje, con disciplina férreamente espartana, un tono cercano al de títulos como Destino, las estrellas (1960) de J. Lee Thompson – biopic de la ambivalente figura del ingeniero Wernher von Braun – o Atrapados en el espacio (1969) de John Sturges – curiosa anticipación de lo que, un año después de su estreno, pasaría a la misión del Apolo XIII –, en los que la gélida tensión derivada de los detalles técnicos copaba todo el protagonismo. Es decir, First Man se decanta por una línea muy alejada de los relatos de Elegidos para la gloria (1983) de Philip Kaufman, Apolo 13 (1995) de Ron Howard o Figuras ocultas (2016) de Theodore Melfi. Durante toda la película, el Neil Armstrong interpretado por Ryan Gosling parece ser el protagonista de un guion escrito por Paul Schrader, un antihéroe que está atravesando un duro proceso de penitencia con el fin de curar la herida vital que marca su existencia.

Efectivamente, la recreación del duro proceso de adiestramiento, de la angustia derivada de la gran incertidumbre que rodeaba las misiones enviadas al espacio, del claustrofóbico ambiente que se daba en las cápsulas del programa Apolo y de las condiciones extremas de navegación a las que se enfrentaban los astronautas parecen las estaciones de un doloroso viacrucis cuyo objetivo final fuera una catarsis liberadora que depurara todos los traumas del pasado. Evidentemente, ello puede desconcertar a más de un espectador que, con razón, podría esperar el canto a una gesta heroica y se encuentra, en cambio, con una narración áspera y desasosegante y a un protagonista hierático que contiene sus sentimientos y esconde la naturaleza de su trauma y de su dolor.





Sin embargo, no cabe pensar que la temática profunda de First Man se aparte demasiado de los otros dos títulos de Damien Chazelle. Porque si tanto Whiplash como La La Land hablan de lo que podríamos denominar “la otra cara del éxito”, esto es, el coste emocional y personal que supone alcanzar una cota de excelencia, las contradicciones que surgen de una sociedad que eleva el triunfo profesional a la altura de tótem objeto de adoración y, a la vez, la hipnótica atracción que ejerce el ansia por su consecución, First Man aporta nuevos y decisivos matices al desmentir que el componente emocional (tan valorado por la actual literatura de autoayuda) sea la pieza clave para alcanzar los objetivos. Hay una reivindicación evidente de la razón, de la lógica y de la sensatez en un momento en que la exaltación visceral parece dominar en los ámbitos de la política, la comunicación y las redes sociales.

Película con un ritmo y una cadencia perfectamente medidos y calibrados, parece acabar desmintiéndose a sí misma cuando, al reflejar las protestas existentes en la sociedad estadounidense por el gasto del programa lunar y, sobre todo, en el simbolismo del plano final, insinúa que es más fácil conducir a una tripulación por los 384.400 Km. que separan a la Tierra de la Luna que eliminar las distancias que separan a los seres humanos. Pero, como pasaba al batería de Whiplash y al músico de jazz de La La Land, obsesionados ambos por lograr el máximo nivel en sus respectivas disciplinas, la moraleja de esta minuciosa y adusta fábula es que, quizás, los dioses nos castigan concediéndonos aquello que más deseamos. Aunque, también, al mismo tiempo, abre la posibilidad de interpretar que, una vez cicatrizadas las heridas del pasado, llega el momento de cerrar las del presente, lo cual abriría una luz de optimismo al tono general del film. En cualquier caso, First Man nos demuestra que Damien Chazelle es un realizador poco predispuesto a acomodarse y que va a sorprendernos película tras película. Eso es una buena noticia para los que lo tenemos como uno de los grandes directores del panorama actual.

TRÁILER DE LA PELÍCULA:





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