PETRA DE JAIME ROSALES. FAKTUM Y HAMARTIA



TÍTULO: Petra. TÍTULO ORIGINAL: Petra. AÑO: 2018. NACIONALIDAD: España-Francia-Dinamarca. DIRECCIÓN: Jaime Rosales. GUION: Michel Gaztambide, Clara Roquet y Jaime Rosales. MÚSICA ORIGINAL: Kristian Eidnes Andersen. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Hélène Louvart. MONTAJE: Lucía Casal. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Bárbara Lennie, Alex Brendemühl, Joan Botey, Marisa Paredes, Petra Martínez, Carme Pla, Oriol Pla, Chema del Barco, Natalie Madueño. DURACIÓN: 107 minutos. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.wandafilms.com/site/sinopsis/petra.

CALIFICACIÓN: 

Las primeras películas de Jaime Rosales fueron experimentos narrativos y expresivos de gran calado que constituían auténticos retos y desafíos para cualquier espectador. Desde el retrato absolutamente insólito de un psicópata en Las horas del día (2003), pasando por la mirada fría y aséptica con pantalla partida en dos de La soledad (2007), el radical distanciamiento, abstracto, polémico y desconcertante de Tiro en la cabeza (2008) hasta el blanco y negro espiritual y meditativo de Sueño y silencio (2012), cada una de sus películas fueron apuestas arriesgadas al todo o nada de las que resultó un saldo desigual (si tengo que decir mi opinión, Las horas del día y Sueño y silencio me convencen más, La soledad y Tiro en la cabeza, no tanto) pero sin que se le pudiera negar al director una pulcritud estética y un rigor narrativo llevado hasta sus últimas consecuencias que lo convertían en un caso prácticamente único dentro del panorama de nuestro cine. En Hermosa juventud (2014), su estilo dio un giro por el que, sin perder sus señas de identidad, sí que afrontaba una historia con perfiles menos exigentes para el espectador. Sin ser un relato narrado de forma convencional, al hablar de los problemas de una pareja joven en el contexto de la crisis económica, la película suponía claramente un viraje hacia tonos y temáticas con las que cualquier espectador se pudiera sentir más fácilmente identificado que con lo que pudiera hacerlo con sus títulos anteriores.

Petra supone una opción intermedia entre lo que fueron sus cuatro primeros largometrajes y lo que significó Hermosa juventud. Su historia será cristalina para cualquiera que vea la película pero algunas de sus soluciones narrativas y expresivas son tan peculiares e inusuales que nos resultarán, en algunos momentos, desconcertantes y tendremos que ajustarnos y adaptarnos a los territorios inhóspitos a los que el film nos acaba trasladando. Y, el hecho de que Petra empiece por el “Capítulo II” y no por el primero, probablemente sea el más irrelevante (pero no el menos efectivo desde el punto de vista de desarrollo del argumento) de todos ellos. Porque lo que constituye la gran decisión de la película es llevarnos, sin tapujos, al terreno conceptual de la tragedia griega, por tono, ritmo y cadencia de los acontecimientos que se van sucediendo en la trama.






Solo desde esa perspectiva cobra sentido la figura del patriarca autoritario, soberbio y carente de sensibilidad (interpretado de forma magistral por el debutante Joan Botey) que trata a su familia (unos no menos sensacionales Bárbara Lennie, Marisa Paredes y Álex Brendemühl) y a sus empleados (tampoco quiero no destacar a Carme Pla, Oriol Pla y Chema del Barco) como si se tratara de un dios de la mitología helena que juega con vidas, destinos, conciencias y autoestimas. Una especie de símbolo de las arbitrariedades y arrogancias de un pasado deleznable ante el que es casi imposible no destacar el paralelismo sutil que se traza en Petra con el tema de las fosas de muertos comunes de nuestra Guerra Civil que, presentado sin subrayados innecesarios, marca el contexto en el que hay que comprender todo el film.

Y es que, a pesar de la mecánica implacable y parece que irreversible con la que los hechos se van sucediendo (sensación reforzada por la circunstancia de que toda la película está formada por planos-secuencia y, por tanto, sin montaje interno dentro de cada una de las secuencias en las que el film se articula), Petra acaba teniendo un punto cercano al cine de Robert Bresson (recordemos loque dijimos del director francés con motivo de El reverendo de Paul Schrader). Porque, después de haber sido testigos de unos hechos que solo conducen al dolor y a la desolación, el film acaba en un sereno plano fijo que muestra un acto de reconciliación (un auténtico deus ex machina) que va mucho más allá de lo que su calma aparente pudiera hacernos pensar: el gesto final de Bárbara Lennie es un acto implícito de heroísmo por el que decide romper con la dinámica marcada por el pasado e iniciar una nueva etapa de armonía y convivencia. En última instancia, es la propuesta que Jaime Rosales lanza a una sociedad (la española), demasiadas veces atravesada por conflictos irresolubles y divisiones inseparables, pero a la que se le pide la suficiente generosidad y altura de miras para construir un futuro que nada tenga que ver con un pasado trágico y, en más de una ocasión, sangriento. De este modo, como la tragedia griega lleva haciendo durante más de dos milenios, esta historia, al hablar de las vidas de sus personajes, nos acaba hablando de nosotros mismos y de nuestras circunstancias.


TRÁILER DE LA PELÍCULA:




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