ANA DE DÍA DE ANDREA JAURRIETA. CUANDO 1 + 1 = 1…


Cartel de Ana de día y fotografía de su protagonista, Ingrid García-Jonsson, realizada por Lorenzo Hernandez

TÍTULO: Ana de día. TÍTULO ORIGINAL: Ana de día. AÑO: 2018. NACIONALIDAD: España. DIRECCIÓN Y GUION: Andrea Jaurrieta. MÚSICA ORIGINAL: Aurelio Edler-Copes. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Juli Carné Martorell. MONTAJE: Miguel A. Trudu. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Ingrid García-Jonsson, Mona Martínez, Fernando Albizu, Irene Ruiz, Álvaro Ogalla, María José Alfonso, Francisco Vidal. DURACIÓN: 110 minutos. PÁGINA WEB OFICIAL:  https://www.facebook.com/anadedia/.

CALIFICACIÓN: 

El tema del doble ha sido tratado en numerosísimas ocasiones en el campo de la literatura y el cine. Pensemos, en el primero, en el William Wilson (1839) de Edgar Allan Poe, en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886) de Robert Louis Stevenson, en – obra que nos señaló la directora de Ana de día, Andrea Jaurrieta, el día que la entrevistamos en el último Festival de Málaga – El difunto Matías Pascal (1904) de Luigi Pirandello o en los múltiples ejemplos que vemos en los relatos de Jorge Luis Borges o Julio Cortázar. En el campo del séptimo arte, recordemos el episodio “The Case of Mr. Pelham” de la serie Alfred Hitchcock presenta, Tinieblas (1970) – también conocida como El hombre que se apareció a sí mismo – de Basil Dearden o Enemy (2013) de Denis Villeneuve. Es un tema que emerge en los momentos de crisis y, sobre todo, de cambios sociales bruscos en los que parecemos quedar atrapados en una especie de estación de ferrocarril equivocada a la que no va a llegar ningún tren que nos saque de la parálisis. En los momentos en los que parece mediar un abismo entre lo que queríamos ser y lo que hemos llegado a ser. Por tanto, llega a resultar coherente que sea, precisamente ahora, cuando se estrene una película como Ana de día, que nos relata una historia que nos habla de presuntas tierras prometidas donde sólo reina el vacío y en las que buscamos cualquier vía de salida para encontrarnos con lo que verdaderamente queremos ser, con lo que verdaderamente somos. Ana de día, así, es, al mismo tiempo, retrato de una época, de nuestra época, reflejo de la condición femenina en los tiempos actuales y plasmación de los sentimientos profundos que embargan a cualquier persona cuando está enclaustrada en la celda de su propia frustración.



Andrea Jaurrieta, directora de Ana de día (Fotografía: Lorenzo Hernandez)


Ana, la protagonista de la historia, interpretada por Ingrid García-Jonsson, una chica joven que está preparando su tesis doctoral en Derecho, se encuentra un día con que hay “otra” persona (otra presencia física, cabria decir) que ha asumido sus cargas y obligaciones. En vez de reaccionar ante ello o, como mínimo, que la situación le provoque un estado de ánimo de angustia (que es lo habitual en este tema narrativo), Ana ve la ocasión de huir de una forma de vida que no le satisface, de modo que da un giro radical a su existencia, transformándose en Nina y entrando a trabajar en un music-hall desfasado y decadente. Si el planteamiento argumental ya es original, ello se complementa con tres elementos de gran valor. El primero, un magnífico planteamiento visual que remite al cine de Sirk, de Fassbinder, de Fellini, de Fosse y que, lejos de ser un mero preciosismo decorativo, acaba constituyendo una vía natural para el desenvolvimiento y desarrollo del argumento. El segundo, unos actores en auténtico estado de gracia. Ingrid García-Jonsson realiza, quizás, la mejor y más compleja interpretación de su carrera, sabiendo reflejar, desde la primera escena, la incomodidad que siente el personaje dentro de su propia piel y, con posterioridad, la problemática lucha que debe mantener consigo misma. Sin embargo, el resto de intérpretes también brillan a excelente nivel: Mona Martínez, en el papel de dueña de la pensión donde se marcha a vivir Ana/Nina; María José Alfonso, como dueña del music-hall; Álvaro Ogalla, como Marcelo, un personaje esquivo y misterioso que inicia una relación con Nina; un Fernando Albizu soberbio en su papel de maestro de ceremonias y ambigua y compleja figura tutelar de la protagonista; Irene Ruiz como amiga de Ana y único nexo que la mantiene ligada a su antigua realidad… Y el tercer elemento es un soberbio tratamiento del sonido que se convierte en una segunda piel de la película y que nos va narrando, a la vez que las imágenes y las palabras, el desarrollo de la trama argumental (de hecho, la película ganó, aparte del Premio de la Crítica, el Premio al Mejor Sonido en el FestivalPNR de Madrid).



Marta Moreno y José Manuel Cruz, miembros del equipo de redacción de Cine Contexto, con Ingrid García Jonsson durante el último Festival de Málaga (Fotografía: Lorenzo Hernandez)


Es fascinante el abigarrado mundo de personajes que la película despliega, personajes que, a pesar de que se intuye la derrota en ellos, sobreviven con dignidad a las circunstancias, muestran sus debilidades y sus fortalezas, su luz y su oscuridad, su grandeza y sus pequeñas miserias. Las imágenes nos hacen respirar la asfixiante tensión del ambiente de la pensión, el aséptico y artificial mundo del que proviene la protagonista, la precariedad de la existencia de un music-hall (con un ambiente que se mueve, de manera incierta, entre lo castizo y la cosmopolita) que oscila entre la sordidez más espesa y la calidez más paradójica. Y, lo que es un gran acierto del film, traza una monumental elipsis en la que la historia de la protagonista, las raíces de su hondo e íntimo descontento, se intuye, se dibuja en ágiles, rápidos y casi imperceptibles trazos, pero no se revela en su totalidad, envolviendo la película en una bruma poética e hipnótica que lleva al espectador a delinear en su mente una película oculta, la parte del iceberg que se esconde bajo la superficie del agua pero que forma parte del film como un espectro que amenaza constantemente al personaje protagonista. Por todo ello, la película se acaba haciendo vida a pesar de su punto de partida, fantástico y alejado de cualquier contacto con nuestros hechos cotidianos habituales.
  


Mona Martínez interpreta a la dueña de la pensión donde se aloja Ana/Nina (Fotografía: Lorenzo Hernandez)



Fernando Albizu, maestro de ceremonias pero, también, ¿figura tutelar de la protagonista? Una de las líneas sobre las que reflexionar (Fotografía: Lorenzo Hernandez)



Irene Ruiz, amiga de Ana/Nina y único nexo que la tiene conectada con su antigua realidad (Fotografía: Lorenzo Hernandez)


Por todo lo que hemos dicho, la visión de Ana de día se puede ampliar y disparar en numerosas direcciones. ¿Es, quizás, un retrato de España, un país donde realidad y apariencia compiten entre sí y se rehúyen sistemáticamente?¿En el que queremos enterrar un pasado que, pese a todo, sigue vivo y continúa formando parte de nuestra idiosincrasia?¿Es un retrato de una generación a la que se le exige la perfección sin que se le ofrezca nada a cambio? Puede ser todo eso y mucho más porque es una película lo suficientemente rica y ambigua como para que cada espectador pueda sacar sus propias conclusiones. Lo que sí tenemos claro es que Ana de día es un perfecto mecanismo de relojería puesto al servicio de una historia potente y conmovedora. No se la pierdan.


TRÁILER DE LA PELÍCULA:




Ingrid García-Jonsson, lejana, como Lejana de Julio Cortázar, uno de los mejores relatos que trata el tema del doble (Fotografía: Lorenzo Hernandez)







Diversos momentos de Ana de día


José Manuel Cruz, director de Cine Contexto, con Ingrid García-Jonsson, Fernando Albizu, Mona Martínez e Irene Ruiz

Comentarios