SIN FIN DE CÉSAR ESTEBAN ALENDA Y JOSÉ ESTEBAN ALENDA. CUANDO EL AMOR NO ES EL FINAL DE LA HISTORIA


A la izquierda, cartel de la película Sin fin con motivo de su proyección en el Festival de Málaga. A la derecha, fotografía de su protagonista, María León, durante su presencia en dicho certamen (Fotografía de la actriz: Lorenzo Hernandez)



TÍTULO: Sin fin. TÍTULO ORIGINAL: Sin fin. AÑO: 2018. NACIONALIDAD: España. DIRECCIÓN Y GUION: César Esteban Alenda y José Esteban Alenda. MÚSICA ORIGINAL: Sergio de la Puente. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Ángel Amorós. MONTAJE: César Esteban Alenda. INTÉRPRETES PRINCIPALES: María León, Javier Rey, Juan Carlos Sánchez, Mari Paz Sayago, Paco Ochoa, Roberto Campillo, Asencio Salas, Paco Mora, Cristian Gamero, Rafael Chaves, Paco Inestrosa. DURACIÓN: 96 minutos. PÁGINA WEB OFICIAL: https://www.facebook.com/SinFinPelicula/.

CALIFICACIÓN: 


Sin olvidar el punto de partida que podrían suponer dos títulos clásicos como Dos en la carretera (1967) de Stanley Donen y New York New York (1977) de Martin Scorsese, muchas películas recientes han indagado en el concepto de romanticismo tradicional para matizarlo, condicionarlo, ponerlo en cuestión o llegar a conclusiones muy diferentes de las habituales y comúnmente aceptadas. Ahí están para demostrarlo la trilogía Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013) de Richard Linklater, Vicky Cristina Barcelona (2008) de Woody Allen, Blue Valentine (2010) de Derek Cianfrance, Los descendientes (2011) de Alexander Payne, La vida de Adéle (2013) de Abdelatif Kechiche, The Invisible Woman (2013) de Ralph Fiennes, Her (2013) de Spike Jonze, La desaparición de Eleanor Rigby (2014) de Ned Benson, Ahora sí, antes no (2015) de Hong Sang-soo, Mi amor (2015) de Maïwenn Lo Besco o Los adioses (2017) de Natalia Beristáin. Entre las películas españolas que ahondan en la mencionada línea argumental, debemos citar Stockholm (2013) de Rodrigo Sorogoyen, 10.000 Km (2014) y Tierra firme (2017) de Carlos Marques-Marcet, Amor tóxico (2015) de Norberto Ramos del Val, Bittersweet Days (2016) de Marga Meliá, Amar (2017) de Esteban Crespo o Las leyes de la termodinámica (2018) de Mateo Gil. Una de las grandes virtudes de Sin fin, debut en el largometraje de los hermanos Alenda, es que, con todas las variaciones que con que ha sido tratada la premisa temática expuesta (algo que pueden deducir los lectores por la larga lista enunciada y por la diversidad de los títulos que la integran), aporta un punto de vista y un tratamiento de la historia absolutamente novedosos que, lejos de encerrarse en la originalidad de su forma, acaba conectando perfectamente con circunstancias, con sentimientos y con vivencias que, con completa seguridad, todos nosotros hemos tenido la ocasión alguna vez de experimentar, de gozar y, al mismo tiempo, de sufrir.




Sin fin comienza pareciendo una película de ciencia-ficción. Después, nos desconcierta por unos breves instantes (en realidad, lo que hace es ponernos sobre la pista del conflicto que se revelará con posterioridad). Casi inmediatamente, adquiere un aire cercano al de una comedia romántica. Y, de repente, muta en una inesperada road movie que es un viaje por el tiempo y por los sentimientos de la pareja protagonista (Javier Rey y María León). Pero, cuando llega el desenlace, descubrimos que todas esas impresiones han sido como etapas intermedias (y necesarias) para llegar al destino final sin que cada una de ellas, por sí sola, represente la esencia de la película. Porque Sin fin, con sutileza, sin estridencias y con un perfectamente medido tempo narrativo, nos lleva a la conclusión de que, aunque se puede creer, y, aún más, se puede sentir como algo auténtico y verdadero, el amor tradicional, el amor romántico, la idea de amor comúnmente aceptada, el mismo no puede obligarte a tu propia inmolación en él, a la renuncia a ti mismo, a tu personalidad, a tus deseos y a tu visión del mundo. De este modo, una extraña lucidez se acaba apoderando de la película y, renunciando a un tranquilizador happy end que nos dejara instalados en territorio conocido, nos conduce a la constatación de que, a veces, hay que aceptar las heridas para que las cicatrices nos hagan avanzar y curarnos de nuestro dolor y de un sufrimiento que no nos merecemos.



María León, protagonista de la película ((Fotografía: Lorenzo Hernandez)


Asencio Salas, integrante del reparto de Sin fin (Fotografía: Lorenzo Hernandez)

Sin fin se beneficia de la realización ágil, precisa y eficaz de los hermanos Alenda, muy alejada, por su peculiar combinación de sobriedad y preciosismo, de otros estilos de realización que dominan en el cine de nuestro país, y de unas magníficas interpretaciones del dúo protagonista (Javier Rey ganó la Biznaga de Plata al Mejor Actor en el Festival de Málaga de este año), plasmando con plena verosimilitud unos personajes de perfiles no precisamente sencillos (además, en dos momentos temporales distintos, y con características muy diferentes en cada uno de ellos) que viven dentro de su relación un conflicto soterrado que acabará aflorando con delicadeza pero con cierto aire de irreversibilidad, lo cual dejará al espectador con sensaciones intermedias entre la melancolía y la serenidad.

En definitiva, Sin fin es una película que habla de sentimientos pero que, cuando finaliza, nos llevará a agudas reflexiones. Y por su capacidad para moverse, simultáneamente, en los territorios de la razón y del corazón,  no podemos menor que terminar diciendo que se trata de un film que merece todo nuestro aplauso.

TRÁILER DE LA PELÍCULA:




Dos escenas de Sin fin



José Manuel Cruz con María León y Asencio Salas, intérpretes que forman parte del reparto de Sin fin, debut en el largometraje de los hermanos Alenda

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